Amanda Puga: “Hemos comenzado a romper esquemas, ahora hacer cine y ser mujer es algo común”

Por Laura Gatica.

La cineasta chilena Amanda Puga emprendió un viaje sola a finales de 2012, para recorrer Latinoamérica y conocer las diferentes realidades sociopolíticas desde la mirada de sus habitantes, ese proyecto se convirtió en ‘Mi norte es el Sur’, un documental que además se compone de un blog de viajes, que posteriormente se transformó en un libro con el mismo nombre. En exclusiva, la directora habló sobre el proceso emocional y técnico de la producción de este íntimo trabajo, que forma parte de la sección Nuevas Directoras de FEMCINE9.

¿Cómo es la experiencia de ser parte de la novena versión del festival junto a realizadoras de Chile y otros lados del mundo?

La función de las mujeres en el mundo y también en el cine, como perspectiva y visión, es un tema que está súper en boga. Hemos comenzado a romper esquemas y ahora hacer cine y ser mujer es algo común y creo que instancias como FEMCINE han dado cabida a estos espacios. Por lo mismo, estoy muy contenta de mostrar este proyecto en el festival, porque viajar sola a mis 24 años era algo que se me cuestionaba y que aún impresiona. Espero que este documental invite a más personas y sobre todo a las mujeres a atreverse a viajar solas. También me gustaría que haya más mujeres directoras de fotografía, dirigiendo, o a cargo del sonido, por nombrar algunas funciones que están mucho más adjudicadas a los hombres en el cine. Estoy orgullosa de todas las mujeres presentes en este festival y me siento absolutamente agradecida de sus creadoras que han trabajado para lograr este objetivo.

Sú documental va a ser presentado en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos y el Museo Violeta Parra. ¿Cuál crees que es la relevancia de que su trabajo que retrata el panorama sociocultural y desigual sea exhibido en esos lugares?

Me parece bacán (sic) mostrarlo en este lugar. Tener un espacio como el Museo de la Memoria para reconocer las desigualdades y la falta de ciertos derechos que se generan en países diversos de Latinoamérica me parece relevante para el crecimiento y la evolución social, en pos de que podamos encontrar, ojalá como continente, formas de vida que nos hagan crecer como sociedad.

Mi Norte es el Sur fue rodado en el 2012. ¿Ha vuelto a conversar con algunos de sus entrevistados siete años después?

Sí, he mantenido contacto con muchas de las personas que son parte del documental. En este momento de contingencia en Venezuela he estado siempre conversando con mis amigos que están allá, así como con algunos que emigraron a Chile u otros países. Tuve la oportunidad de volver a Colombia y Venezuela en noviembre del 2017, porque ahí realizamos la post producción de color y producción sonora. Fue interesante y a veces escalofriante poder vislumbrar los nuevos panoramas de ambos países seis años después del viaje. En el caso de Venezuela ví ese cambio radical y fue un impacto mucho más personal, porque mis amigos que en el 2013 estudiaban o trabajaban en sus profesiones, ahora pasaban hambre y vivían con miedo a todo lo que circundaba, ya sea la delincuencia o a enfermarse. Cuando grabé el documental quería dar a conocer las problemáticas que existían en Venezuela ese año, pero nunca pensé que podía ocurrir lo que vemos hoy, quizás ese material pueda servir para entender como se ha desarrollado ese conflicto.

¿Qué fue lo más enriquecedor como persona y como realizadora de rodar este documental tan íntimo?

El proceso completo. Creo que más que el viaje en sí, lo realmente enriquecedor fue el proceso posterior de analizar el material, la búsqueda del montaje y plasmar una experiencia tan personal, que a la vez puede convertirse en una experiencia colectiva. Y por lo mismo, este proceso también fue el más difícil, porque es complejo observar y enfrentarse a las vivencias propias.

¿Qué es lo que más le marcó de los relatos de aquellas personas que no solo te entregaron sus historias, sino que también compartieron sus espacios privados contigo?

Creo que el aprendizaje más rotundo es que hay más personas buenas que malas. Este viaje me permitió conocer gente con la que quizás nunca me hubiera relacionado en la vida, (como un policía en Colombia, una familia muy católica en Ecuador, un chamán en Perú o un médico traumatólogo en Venezuela). Sin embargo, esa apertura me permitió dejar los estereotipos atrás, para conocer a las personas y sus pensamientos basándome en sus relatos y experiencias.

¿Qué proyectos se encuentras realizando últimamente?

Con Catalina Alarcón acabamos de terminar el rodaje del cortometraje ‘La Gambeta’, una historia trabajada desde la ficción, pero con la participación de niños y jóvenes reales. Acabo de terminar el guión de la adaptación de un libro chileno llamado ‘El Funeral del Señor Maturana’, que es más bien una sátira de la sociedad santiaguina. Y como directora estoy entre producción y post producción de un proyecto de ficción independiente llamado ‘Un par de esquíes’, que es una historia de desamor. También voy a empezar un proyecto documental con un director venezolano residente en Ecuador llamado ‘Ser Positivo’, que habla de su viaje desde Venezuela a Ecuador, luego de ser diagnosticado VIH positivo.

Cómo cineasta, ¿cuáles son las expectativas que tiene para el futuro?

Seguir haciendo cine, aprender de cada proceso, armar equipos de producción de diferentes proyectos y nunca dejar de lado la versatilidad. Creo que me gusta mucho participar en proyectos diversos y ser capaz tanto de producir como de dirigir diferentes cosas.

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19 al 24 de marzo 2019